La fachada del Apeadero del Real Alcázar ha recuperado su esplendor y la corona central ha vuelto a mostrar su color dorado original gracias a un exhaustivo proceso de restauración y conservación. Esta intervención, de gran complejidad técnica y valor patrimonial, ha sido íntegramente financiada con los recursos propios del monumento, debido a que la solicitud de subvención presentada al programa estatal del 2% Cultural no fue aceptada.
El Apeadero, que se sitúa en la fachada sur del Patio de Banderas, es un edificio renacentista construido en el siglo XVI por Vermondo Resta y reformado en el siglo XVIII por Sebastián Van der Borcht, con una nueva intervención registrada en 1889. La última restauración de su fachada data de la Exposición Universal de 1992, y desde entonces no se habían realizado trabajos integrales de conservación.
Ante el evidente deterioro de varios elementos arquitectónicos y decorativos, el Ayuntamiento de Sevilla tomó la decisión de llevar a cabo esta intervención utilizando fondos propios, tras la negativa del Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana a su solicitud de apoyo económico.
El alcalde de Sevilla, José Luis Sanz, ha enfatizado el compromiso de la administración municipal con la preservación del patrimonio histórico de la ciudad, actuando en espacios que habían estado desatendidos durante años y utilizando recursos propios cuando no se reciben otras ayudas. Sanz subrayó que el Real Alcázar es un símbolo de Sevilla y que su conservación es una obligación institucional y una inversión en el futuro cultural de la ciudad.
Las obras han sido realizadas por la empresa Conservación y Restauración de Bienes Culturales S.L. UTE, siguiendo un proyecto técnico específico. Las tareas llevadas a cabo incluyeron intervenciones especializadas en la piedra, cerámica, carpintería, herrajes y revestimientos. Esto abarcó procesos de preconsolidación, limpieza, eliminación de intervenciones anteriores defectuosas, tratamiento de grietas y fisuras, reintegración volumétrica y la aplicación de capas de protección final. Entre los elementos restaurados destaca la corona ornamental que adorna la fachada, la cual ha recuperado su brillante color dorado original.
En adición a las labores restauradoras, se llevaron a cabo reparaciones completas de los revestimientos verticales continuos —estuco y jabelga— en la planta baja y en plantas superiores y pretil. Estas reparaciones incluyeron el uso de morteros de cal, refuerzos con malla de fibra de vidrio, acabados finales y capas de protección, respetando los colores tradicionales del conjunto, tales como el ‘rojo Alcázar’ y el ‘oro viejo’.
Las obras se completaron dentro del plazo previsto de cinco meses, a pesar de las dificultades que presentaron las condiciones climáticas invernales, y la inversión total asciende a aproximadamente 225.000 euros, asumida íntegramente por el Real Alcázar.
Con esta intervención, el Ayuntamiento de Sevilla continúa avanzando en su estrategia de recuperación y conservación del patrimonio histórico, corrigiendo el deterioro acumulado a lo largo de los años y fortaleciendo la protección de uno de los espacios monumentales más emblemáticos y visitados de la ciudad.