Entre la psicología y el derecho: ¿Qué hace un psicólogo forense?

psicólogo forense Sevilla

En los tribunales, la verdad no solo se construye con pruebas materiales, testigos o documentos. También hay espacio —y necesidad— para una mirada que vaya más allá de los hechos y se adentre en la mente humana. Es ahí donde entra en juego la figura del psicólogo forense, un profesional que, desde la psicología, aporta claridad a las decisiones judiciales más delicadas.

Si bien muchos imaginan la psicología vinculada a la terapia o al diván, el campo forense se aleja de esa imagen clásica. El psicólogo forense no está allí para «curar», sino para evaluar. Su función principal es actuar como perito, realizando valoraciones psicológicas que serán incorporadas como pruebas en un proceso judicial.

El arte de evaluar sin juzgar

Contrario a lo que se podría pensar, el psicólogo forense no se pone del lado de ninguna de las partes. Su compromiso es con la objetividad técnica. Analiza, estudia, aplica tests, entrevista, observa y luego elabora un informe pericial psicológico. Este documento es un análisis exhaustivo que sirve para que jueces, fiscales o abogados comprendan aspectos psicológicos de los implicados en una causa.

«Lo que hacemos es traducir en lenguaje técnico y comprensible el estado mental de una persona, sus capacidades, secuelas psicológicas, o incluso si miente o no en su relato», explica la psicóloga forense Mariana Paredes, quien trabaja como perito en el ámbito civil y penal desde hace más de una década.

La evaluación puede responder a preguntas clave: ¿estaba el acusado en pleno uso de sus facultades mentales al momento del delito? ¿Una víctima de abuso presenta daño psíquico compatible con lo denunciado? ¿Un progenitor está capacitado emocionalmente para ejercer la tenencia de un menor? Las respuestas a estas preguntas pueden inclinar la balanza en un juicio.

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No cualquier psicólogo puede ser perito

Aunque psicólogos clínicos, educativos o neuropsicológicos pueden participar como expertos en determinadas causas, el psicólogo forense es quien está específicamente formado para hacerlo. Su preparación incluye no solo conocimientos en psicología, sino también una comprensión sólida del lenguaje legal, los procedimientos judiciales y las normas que rigen la pericia.

Esta formación le permite interactuar adecuadamente con el sistema judicial, participar de audiencias, defender su informe ante las partes y responder preguntas técnicas en una declaración testimonial. «Hay que tener una gran capacidad de síntesis, claridad para expresarse, y estar listo para que te cuestionen todo. Cada palabra de tu informe puede ser usada como argumento por una de las partes», agrega Paredes.

Un trabajo con implicancias humanas profundas

Lejos del glamour que algunas series policiales atribuyen al rol del psicólogo forense, la realidad está impregnada de complejidad emocional. Quienes ejercen esta función enfrentan casos de abuso sexual infantil, violencia de género, homicidios, conflictos familiares, traumas psicológicos severos. No es una tarea liviana.

«Lo más difícil es mantener la distancia emocional sin deshumanizar al otro. Evaluamos personas en situaciones límite, y no podemos dejarnos llevar por la empatía ni por el rechazo. Hay que sostener la neutralidad con firmeza y ética», comenta la especialista.

En muchos casos, el informe pericial puede ser determinante: puede absolver o condenar a una persona, definir la custodia de un niño o reconocer un daño psíquico que habilite una indemnización. Esa carga exige del psicólogo forense no solo rigor técnico, sino también responsabilidad ética.

¿Y quién evalúa al evaluador?

En una época donde la justicia está cada vez más expuesta al escrutinio público, el rol del psicólogo forense también está bajo la lupa. Una pericia mal realizada puede provocar consecuencias irreversibles. Por eso, se exige transparencia, actualización permanente y, en muchos países, incluso registros oficiales de peritos, a los que solo acceden profesionales con formación y experiencia comprobada.

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Además, hay un debate creciente en torno a la necesidad de unificar criterios periciales, de modo que los informes no estén tan atados a la subjetividad del perito. Instituciones como colegios de psicólogos o asociaciones de psicología jurídica trabajan en generar protocolos y estándares para profesionalizar aún más la actividad.

Entre la mente y la ley

El psicólogo forense se mueve en una frontera donde confluyen el saber técnico, el análisis humano y las demandas del derecho. Es un rol silencioso, alejado de los focos, pero crucial. Su voz puede ser una de las más importantes en una sala de audiencias, incluso si se pronuncia solo a través de un informe.

En un sistema judicial que busca ser más justo, comprensivo y humano, la figura del psicólogo forense se vuelve cada vez más indispensable. Porque, al final del día, la mente también deja huellas. Y alguien tiene que saber leerlas.